Drenar y preparar la base: Escurre bien los anacardos que tenías en remojo. Colócalos en el vaso de una licuadora de alta potencia.
Licuar los ingredientes: Añade a la licuadora el agua (o leche vegetal), el almidón de tapioca, la levadura nutricional, el agar-agar, el jugo de limón, el aceite de coco, la sal, el ajo, la cebolla en polvo y el humo líquido. Licúa a máxima velocidad durante unos 2 minutos, hasta obtener una mezcla completamente líquida y sedosa, sin ningún grumo.
Cocinar la mezcla: Vierte la mezcla licuada en una olla mediana o cacerola antiadherente. Enciende la estufa a fuego medio.
Remover constantemente: Con la ayuda de un batidor de globo o una espátula de silicona, comienza a revolver sin parar. A medida que tome temperatura, notarás que empiezan a formarse grumos y la mezcla espesa rápidamente.
Activar la textura: Sigue cocinando y revolviendo enérgicamente por unos 5 a 7 minutos más. La mezcla pasará de verse grumosa a ser una masa lisa, muy brillante, espesa y chiclosa. Este paso es crucial para activar tanto el almidón de tapioca como el agar-agar.
Moldear: Rápidamente, vierte la masa caliente (es bastante espesa) en un molde de silicona redondo o un recipiente de vidrio previamente engrasado con una gotita de aceite. Golpea ligeramente el molde contra la mesa para asentar la masa y eliminar burbujas de aire. Alisa la superficie con una espátula húmeda.
Reposo y refrigeración: Deja que se enfríe a temperatura ambiente durante unos 20 minutos. Luego, llévalo al refrigerador sin tapar durante la primera hora para evitar condensación, y luego cúbrelo. Deja reposar por un mínimo de 4 horas (o toda la noche) para que el agar-agar solidifique por completo.
Desmoldar y disfrutar: Una vez firme, desmolda. Ahora puedes cortarlo con cuchillo para tus sándwiches o rallarlo/calentarlo para ver cómo se derrite maravillosamente.