Precalentar el horno: Ajusta la temperatura de tu horno a 200°C (400°F).
Preparar la bandeja: Forra una bandeja para hornear grande con papel pergamino (papel mantequilla) o un tapete de silicona para hornear. Esto es fundamental para que el queso no se pegue.
Formar la base: Esparce el queso parmesano rallado de manera uniforme sobre la bandeja preparada. Dale la forma de un rectángulo o círculo grande, creando una capa de aproximadamente medio centímetro de grosor. Asegúrate de que no haya huecos grandes para que la corteza quede de una sola pieza.
Sazonar: Espolvorea uniformemente las hojuelas de chile rojo, la pimienta negra y cualquier otro ingrediente opcional (como ajo en polvo o semillas) sobre la capa de queso. No es necesario añadir sal, ya que el parmesano es naturalmente salado.
Hornear: Lleva la bandeja al horno y hornea durante 12 a 15 minutos. Atención: Vigila de cerca durante los últimos minutos. El queso pasará de estar burbujeante a quemarse muy rápidamente. Está listo cuando deje de burbujear intensamente y tenga un color dorado oscuro y uniforme.
Enfriar y reposar: Retira la bandeja del horno. En este punto, el queso estará blando y lleno de aceite. Deja reposar la corteza en la misma bandeja a temperatura ambiente durante al menos 10 minutos. A medida que se enfríe, absorberá parte de su propia grasa, se endurecerá y se volverá extremadamente crujiente.
Romper y servir: Una vez que la placa de queso esté completamente fría y sólida al tacto, despégala del papel y rómpela con las manos en trozos irregulares, simulando cortezas de árbol. ¡Sirve inmediatamente o guarda para después!